“Cuida tus palabras y ellas cuidarán de ti”

Cada mañana que nos vemos al espejo y hasta que se pone el sol, realizamos una especie de diálogo interno perpetuo a través del cual nos contamos historias en las que somos el principal protagonista de estas. Los resultados de esta actividad íntima pueden ayudarnos a crecer en humanidad o pueden degradar la dignidad personal, dependiendo si usamos palabras positivas al hablarnos como lo haríamos con el mejor amigo. Podrían aquellas fortalecer la autoestima si hacemos un cuento positivo, o, por el contrario, destrozarla, si el relato interior es una historia terrorífica. De allí la necesidad de tener un lenguaje positivo al conversar con los demás y con nosotros mismos.

En un momento en que parece que existe mucha incertidumbre por el estado de recesión de la economía local y global, parecería refrescante que cultivásemos un liderazgo amable, que sepa crear buen ambiente alrededor de sí mismo (a), para dirigir, comunicarse y construir puentes en la familia, la empresa, el Estado y la sociedad, consecuentemente ayudar a reactivar la confianza en el futuro.

La amabilidad al hablar, independiente de la personalidad, es una característica de comunicación y oratoria altamente valorada en los líderes para ejercer una mejor gestión de los equipos talentosos de las organizaciones en la actual situación económica.

El estilo y el modo de hablar forjan nuestra personalidad, componen nuestros relatos, memoria y capacidad de responder al mundo y sus desafíos. El carácter de un hombre es su destino, predestinó el filósofo Heráclito 25 siglos atrás. Todo parece señalar que la dicotomía entre comprimir, reducir y sellar la opción de crear nuevas posibilidades o colorear de ilusión, motivación y expansión el mundo se determina en parte con el lenguaje que se usa“.

Un líder sereno y amable no cae en la esclavitud del lenguaje negativo al hablarse a sí mismo (a): “eres un tonto al hacer esto”; “no eres capaz”; etcétera. Ni en la actitud constante de queja, derivado de los nervios o por ser víctima de la imaginación. Logra superar el miedo al fracaso viendo en profundidad y con sentido de la perspectiva el futuro incierto, sin olvidarse de los detalles y de las circunstancias. Logra tener serenidad de mente, lo cual permite resaltar una visión de conjunto en momentos de crisis. Se necesita de la serenidad en la acción para evitar inútiles derroches de fuerzas.

Luchar por emitir palabras positivas y ambles, sin excluir a nadie, me parece, se relaciona mucho con tener el talento de un líder sereno, es decir, con una actitud o cualidad que permite a un individuo “mantener un temple sosegado y ecuánime, sin caer ni en la inquietud ni en la zozobra. Está muy relacionada con la paciencia y ambas con la fortaleza, una habilidad que ayuda a enfrentarse con las dificultades para superarlas…”. (Dr. Salvador Canals, escritor y abogado).

Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 28 de marzo de 2021

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