El calor de la amistad

Especialmente ahora que vivimos una realidad llena de incertidumbre por la amenaza de una escalada bélica global, se hace necesario estar más cerca del calor de las amistades de calidad, independientemente de si estamos lejos o cerca físicamente. Esto, con el fin de acrecentar o mantener la esperanza de un futuro de paz para la humanidad, a través del cultivo de la amistad verdadera, tanto personal como social.


Parece evidente que aislarse de la propia familia o de los compañeros de equipo no evita los problemas, sino que conduce a una vida aislada y solitaria, obstaculizando la posibilidad de tener una vida llena de satisfacciones y gratas experiencias. Múltiples estudios médicos concluyen (1) que, para lograr una buena salud física y mental acompañada de bienestar integral, es necesario contar con buenos amigos. Los pacientes mejoran más rápidamente cuando cuentan con una red de soporte en las crisis biográficas, que funciona como una tribu que acompaña y celebra cada momento de recuperación, por muy pequeño que sea.

Independientemente de que vayamos de vacaciones o continuemos con los horarios de trabajo, escuela y tiempo en familia y amigos, la mayoría de los seres humanos buscamos convivir de la mejor manera entre nosotros, pero no siempre lo logramos. Tampoco parece frecuente que nos acepten completamente tal como somos ni que quienes nos rodean nos acojan generosamente para ofrecernos amistad sincera.


Al mismo tiempo, no siempre consideramos al prójimo digno de ser amado y de recibir nuestra amistad. De aquí que es importante aclarar el concepto de prójimo como un término que está “vinculado natural y amorosamente al amor divino” (1). Efectivamente, por esta inmensurable dignidad que se capta prontamente es que ha surgido “una de las categorías fundamentales de la sociología cristiana que significa que, si yo soy un ser capaz de amar, el otro ha de ser tal que no sea inferior a mí, o privado de esa capacidad” (Polo, 1996b: 134).


De allí que “hay que amar a los demás por su persona, es decir, por su acto de ser, más que por su esencia y naturaleza humanas. La primera, mientras se vive, siempre está abierta a Dios, aunque según un más y un menos libre, y también responsable. Las otras, en cambio, ofrecen no pocas veces, en varias facetas, cerrazones problemáticas a la divinidad, y estas en modo alguno se deben amar, sino ayudar a corregir… si se quiere a los demás por sus propiedades, el amor es problemático, porque no es personal, ya que tales cualidades (belleza, simpatía, profesionalidad, eficacia, etc.) no son la persona, sino de la persona, y además están sometidas a fluctuaciones existenciales”. (2)


De hecho, rodearse de amistades previene el aislamiento y la soledad, ya que el enfermo se percibe acompañado de una comunidad que le aporta múltiples beneficios: aumenta la sensación de pertenencia a un grupo o familia que facilita encontrar el sentido de la vida; da mayor felicidad y reduce el estrés; mejora la confianza en sí mismo y la autoestima; ayuda a sobrellevar traumas; y anima a cambiar o evitar hábitos poco saludables (como usar drogas, beber en exceso o no hacer ejercicio).


Estas mismas investigaciones sobre el cultivo de la amistad laboral señalan que el mejor predictor de productividad o de permanencia en una empresa es si se tiene o no una valiosa amistad entre los integrantes del equipo. Según varios estudios especializados, tener al menos un(a) mejor amigo(a) es clave para asegurar un alto compromiso de los colaboradores, así como para el logro de metas, la rentabilidad del negocio, la seguridad ocupacional, el control de inventarios y la retención. Esto se debe a que la amistad es una relación interpersonal que conecta a los clientes internos entre sí y con los externos en una organización.


Hay un proverbio africano que dice más o menos así: “Cuando en la cima de una montaña nos espera un buen amigo, el ascenso se hace más llevadero”. Realmente, es un principio universalmente aceptado en toda época de la historia y en todas las culturas humanas el contar con amigos sinceros.
Por lo tanto, los líderes del hogar o de cualquier tipo de organización, especialmente en las empresas, han de tratar de promover ambientes donde germine fácilmente el valor humano de la amistad de calidad.


(1) L. Polo JUAN FERNANDO SELLÉS. “Del amor personal humano al divino Un estudio desde la antropología trascendental, pg. 93. (Polo, 1996c: 72). (Polo, 1996a: 92)
(2) L. Polo JUAN FERNANDO SELLÉS. “Del amor personal humano al divino Un estudio desde la antropología trascendental, pg. 93

Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 29 de marzo de 2026

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