Es una experiencia universal que, cuando perdemos a un ser amado o sufrimos una enfermedad grave propia o en algún familiar, se desea encontrar y responder al enigma del dolor para poder levantarse y seguir viviendo dignamente, con paz y esperanza y, si es posible, con felicidad. El Día de la Cruz es un momento propicio para pensar, a través de la sabiduría, cuál es el sentido de estas situaciones.
El origen de esta fiesta cristiana, relacionada con la cruz en muchos países latinoamericanos, proviene de la fusión religiosa entre la costumbre del tributo indígena a la madre tierra y al dios Xipe Tótec, y la tradición católica de conmemorar la Santa Cruz, vinculada —según la historia— al hallazgo por la emperatriz Santa Elena del madero en que fue crucificado Jesucristo en Jerusalén.
Ella fue la madre del emperador Constantino I, quien además, en su época, autorizó la libertad de culto y favoreció la oficialización del cristianismo en el Imperio romano.
El día 3 de mayo de cada año se realiza la instalación de una cruz hecha de palo de jiote, adornada con coloridos papelillos, flores y frutas de la época como mangos, naranjas, uvas, sandías y guineos. También es un momento para reflexionar sobre el sentido de la cruz o pena que se lleva en el alma o en el cuerpo, encontrándole significado a ese dolor.
Efectivamente, mirar la vida a través de la sabiduría ayuda a renacer de las cenizas (como el ave fénix), porque da respuestas a dos temas centrales que afectan a cualquier ser humano: entender de dónde venimos y a dónde vamos después de la muerte. Cuanto más alto sea el modo de conocer, mejor se conocerá el propio ser. “El conocimiento superior es la sabiduría, la cual no sólo, según los teólogos, es cognoscitiva Dei. La sabiduría humana se adquiere por la luz del intelecto agente. Asimismo, la sabiduría, en todos los seres intelectuales, es creada por Dios. Ahora bien, si se admite que el hombre es creado como persona, de acuerdo con el hábito de sabiduría el hombre debe llegar a saberlo… A mi modo de ver, con este hábito se conoce la coexistencia del ser personal humano con el ser del universo y, en definitiva, con Dios”. (1)
Recordemos que no somos lo que hacemos ni tampoco lo que sabemos. El ser humano tiene dignidad por quien es. Por lo tanto, la vida de cada persona es un regalo perfecto que posee mayor dignidad que el universo entero. Así lo afirma el pensador y filósofo Leonardo Polo, quien retoma los hallazgos desde Aristóteles hasta nuestro tiempo para aportar sobre cómo conocer la realidad de las cosas, en especial el valor de la persona humana.
Desde sus aportaciones a la Antropología Trascendental, el Dr. Leonardo Polo plantea y responde de forma novedosa a la pregunta: quién es el ser humano y cuál es su relación con el cosmos. Y responde:
“¿El hombre pertenece al universo? Sí, pero no es inferior ni se confunde con este, así como tampoco se confunde con aquel. La interpretación de la antropología como filosofía segunda, en rigor, es la consideración del ser humano como un ser intracósmico, que pertenece al universo; esa es una convicción griega, y en ella está la línea de sutura entre la filosofía cristiana y la filosofía griega.
La filosofía cristiana puede asumir la filosofía griega, pero lo que no puede asumir, o le es muy difícil aceptar, es que el ser humano se explique como perteneciente al universo…
En el caso del ser humano, aun considerado como sustancia natural, la perfección es intrínseca; es decir, el ser humano es una sustancia natural capaz de autoperfección. Si la sustancia natural humana es capaz de autoperfección, entonces esa capacidad de autoperfeccionarse… Y esa redundancia sobre sí misma es justamente lo que se suele llamar hábito; el hábito es la perfección de la naturaleza humana…
Al desplegar el hombre su operatividad natural, adquiere hábitos: los hábitos intelectuales o bien los hábitos de la voluntad, que son las llamadas virtudes morales, y también incluso las tenencias categoriales.
Una naturaleza que es capaz de autoperfección, una naturaleza que no tiene su fin fuera de ella misma, por decirlo así, sino que se dota de su propia perfección, no es del universo, sino superior al universo…”. (2)
- Leonardo Polo, Presente y futuro del hombre (Madrid: Rialp, 1993).
- Leonardo Polo, “La esencia del hombre”, conferencia dictada el 25 de noviembre de 1994, publicada en Almudi.org, disponible en línea (consultado el 6 de mayo de 2017)
Columna de opinión, La Prensa Gráfica, 03 de mayo de 2026

