Estamos en la fiesta de las Pascuas de Resurrección después del Trío Pascual, en la que se celebra, según la fe cristiana, que un Dios que ama incondicionalmente permitió que su Hijo Jesucristo reconciliara al mundo a través de darle sentido al dolor con su muerte en una cruz y volviera a la vida después de abrir el cielo y convertirnos en hijos adoptivos del Buen Padre Dios. Desde entonces se ha vuelto legítima la pregunta: ¿se puede dar gracias por sufrir enfermedades, pérdidas de fortuna o la muerte de un ser querido? Personalmente creo que sí se puede encontrar sentido al dolor propio o al que sufren quienes amamos, abriéndonos a la posibilidad de crecer en humanidad, aunque no entendamos el misterio del sufrimiento de los inocentes, los niños y las injusticias en gente que ayuda a los demás.
Una posible respuesta al sentido del dolor la leí hace años en una semblanza del doctor Víctor Frankl, un psiquiatra judío que sobrevivió ayudando a sus compañeros de infortunio en un campo nazi de exterminio en la Segunda Guerra Mundial, en la que se recogía una frase de Nietzsche: “Quien tiene un por qué para vivir puede soportar casi siempre cualquier cómo”.
El gran médico vienés nos ha ayudado a comprender un gran misterio: ¿cuándo sale a flote lo mejor de un ser humano? ¿Quién somos en realidad? “Es el ser que siempre decide lo que es. Es ese ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración”. Lo que lo mantuvo en pie al Dr. Frankl en las situaciones duras y denigrantes de la guerra fue el objetivo de otra liberación: salvar a los prisioneros de la desesperación. “No sobrevivieron los más sanos… Salieron adelante los que descubrieron una meta, una intencionalidad en su vida. Solo superaron la ignominia que los abocaba a la muerte o al suicidio los que encontraron la razón por la que seguir viviendo… La pregunta que yo me planteaba era: ¿tienen todo este sufrimiento, estas muertes en torno mío, algún sentido? Porque si no, la supervivencia no tiene sentido, pues la vida cuyo significado depende de una casualidad, ya se sobreviva o se escape de ella, en último término no merece ser vivida”.
Los científicos señalan además que tener la cualidad de ser agradecidos es bueno para la salud física y el bienestar personal. Tal como señalan los resultados recopilados en el libro “Gratitude Works”, de Robert Emmons, junto con su colega Michael McCullough (1), describen un experimento que llevaron a cabo en el que separaron dos grupos de personas que habían tenido o estaban con una depresión moderada. Al primero se les pidió que escribieran todas las noches tres cosas sobre las cuales debían estar agradecidos. Al segundo se les pidió que escribiera sobre lo que quisieran. Al finalizar el experimento, quienes escribieron cosas que agradecer tuvieron una disminución importante en su nivel de depresión, como si hubieran tomado fármacos, pero sin los efectos secundarios (2). Existe correlación entre la actitud de gratitud y el fortalecimiento del sistema inmunológico, la reducción de la presión arterial y mayor resiliencia ante el dolor. El agradecimiento alienta a hacer más ejercicio y cuidar mejor de la salud.
Las personas agradecidas duermen mejor, disfrutan de más horas de sueño cada noche, pasan menos tiempo despiertos antes de dormirse y se sienten más dispuestas al despertar. Por lo tanto, es recomendable pensar en cosas positivas que permitan ejercer el agradecimiento antes de dormir.
La gratitud permite ser más generosos: cuando se cae en la cuenta de las bendiciones recibidas, que por lo general no han sido por méritos propios, se es capaz de ser solidario y magnánimo con las necesidades de los demás. Ser agradecidos ayuda a usar el dinero y los talentos propios para ayudar. La emoción de la gratitud es un antídoto contra las emociones negativas, un neutralizador de la envidia, la avaricia, la hostilidad, la preocupación, la irritación, etc (3).
La investigadora María Arantzamendi, miembro del ATLANTES Global Observatory of Palliative Care de la Universidad de Navarra, España, comentó en el marco de un seminario sobre gratitud y cuidados paliativos que “el 94% afirmaba que la gratitud aumentaba su satisfacción, el 91% se sentía más motivado, el 75% más orgulloso de su trabajo y, para un 90%, suponía una fuente de apoyo en momentos de dificultad profesional”.
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(1). Referencia sobre el agradecimiento en la psicología positiva en el link: ttps://www.researchgate.net/publication/267808849_Gratitud_en_la_Psicologia_Positiva
(2) Entre los beneficios corporales que Emmons y McCullough concluyeron se obtienen por practicar la gratitud están: https://happ.es/gratitud/
Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 05 de abril de 2026

