Descansar adecuadamente es una forma de trabajar

En unos días tendremos la época de la Semana Santa, por lo que el mundo católico global tendrá una pausa para tomar aliento de las labores profesionales, empresariales, artísticas, académicas y de las tareas manuales en que se trabaja recibiendo remuneración, dividendos o utilidades, para atender las ceremonias religiosas propias que conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Cristo.


Antes de este momento, en la Biblia se relata que Dios es una Persona Divina que “trabajó” durante seis días para crear el universo hermoso que disfrutamos y admiramos cada día, pero Dios Padre descansó al séptimo día porque vio que todo era bueno, de igual forma que estuvo satisfecho cuando trajo a la existencia a la persona humana en sus dos versiones: varón y mujer los creó, decidiendo descansar después que formó dos criaturas a su imagen y semejanza. (Génesis 1:27; Génesis 2:18-24).


Entonces, ¿el trabajo es para el descanso o el descanso es para el trabajo? El trabajo es para el descanso, porque la acción de buscar descansar es en sí misma ya una tarea laboriosa: hay que poner creatividad, fecha, plan de cómo será llevado a cabo, lugar, etc. Se vuelve un trabajo: el trabajo de descansar.


Efectivamente, deberíamos recordar que el trabajo es una actividad del ser humano inscrita en la esencia humana. Según la Antropología Trascendental, en el trabajo humano se distingue que laborar es DAR de lo que uno dispone, ya que el acto de ser persona es ser DONANTE, por lo que se produce la interacción FAMILIA-TRABAJO como misión personal. Debido a esto, el trabajo perfecciona nuestra esencia y nuestra naturaleza corpórea, sin las cuales sería incapaz de trabajar. Con ello personalizamos nuestra esencia mejorándola.


Se entiende por mejoramiento humano aquel que se logra por medio de la inteligencia y la voluntad, las cuales se apoyan fuertemente en el estudio y el trabajo, que requieren elevarse continuamente. De lo contrario, la ociosidad y la pérdida de movimiento —negación del trabajo y del estudio— conllevan a pérdida de perfección humana, debido a que la definición de la vida es moverse. Cuando no hay acción propia ni se obra bien, se produce una especie de muerte y ausencia de la esencia humana.


Debido a esta posibilidad de crecer como persona, es correcto distinguir y asegurar con los estudios la profesionalización del trabajo para favorecer los hábitos desarrollados por la inteligencia. Por otro lado, con la disciplina de la voluntad se mejora el trabajo, ya que con una voluntad entrenada mediante buenos hábitos adquirimos virtudes que nos sirven para uno mismo y para los demás. Por lo tanto, estudio (dirigido a la verdad) y trabajo (constante) son realidades humanas indispensables; si prescindimos de ellas nos deshumanizamos y sin ellas no disponemos de virtudes ni hábitos para el desarrollo de nuestras dos facultades potentes: inteligencia y voluntad. (1)


Sin el trabajo la persona humana no consigue nada que valga la pena, ni siquiera el descanso. Trabajo y descanso forman una dualidad: ambos son importantes. Aristóteles decía: “el trabajo se consagra con vistas a tener ocio”; el descanso es un fin, el “para qué” del trabajo. Sin embargo, ahora subordinamos el ocio al trabajo, cuando descansar es necesario para la naturaleza humana.
Por eso, el descanso es propio de la naturaleza humana. Dormir es más que descanso corpóreo: es también descanso del alma; por eso el fin es humanizarse más. Como el ser humano es social por su esencia, el descanso es mejor en tertulias, charlas saludables y entre amigos.


Finalmente, el descanso radica en la naturaleza y la esencia humanas. Para un agotamiento físico necesitamos un descanso físico corpóreo, y para un agotamiento psicológico necesitamos diversión y aficiones. Encontramos que hay muchos modos de descansar, y cada uno debe descubrir lo que más lo descansa. No todas las maneras de descansar son iguales ni están al mismo nivel: unas descansan el cuerpo de la fatiga física, del dolor, la depresión, el desaliento y el aburrimiento; otras descansan el alma, como leer buenos libros para la inteligencia y relajarse en familia y con amigos en lugares hermosos para fortalecer la voluntad y así tener fuerzas para evitar los vicios y el apego al propio yo.

(1) Las ideas compartidas en esta columna provienen del documento “Trabajo de antropología: El trabajo personal, balance entre vida, trabajo y familia”, presentado en la cátedra de la Dra. Genara Castillo, en la Universidad de Piura, Perú, por el equipo de maestría formado por Marlen de Jerez, Roger Falconi y Kalena de Velado. El contenido se fundamenta en el artículo “Trabajo personal”, relacionado con el libro Antropología para inconformes, capítulo XII, de Juan Fernando Sellés (Madrid: Rialp, 2006, pp. 454–490).

Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 15 de marzo de 2026

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