Hoy: ¿Qué quieren las mujeres?

Para que la mujer sea sujeto pleno de derechos me parece que es preciso fortalecer en la sociedad, el hogar y la empresa, una cultura de corresponsabilidad, colaboración y complementariedad entre varón y mujer.

Este esfuerzo implica reconocer y trabajar en el logro de tres aspectos: primero, el de considerar la igualdad respetando las diferencias. Eleanor Roosevelt, ex primera dama de los Estados Unidos, quien presidió la comisión que redactó la declaración de 1948 y defensora de la igualdad de oportunidades para las mujeres, indicaba que el hogar familiar es donde «hombres y mujeres viven como hombres y mujeres y se complementan unos a otros». Por ejemplo, a nivel biológico, el contacto y contraste de las diferencias del cerebro femenino y masculino permiten al hombre y a la mujer contrastar visiones diferentes, enriqueciendo las posibilidades de solución en los problemas y retos de la familia, de la empresa y en la sociedad. Estudiar científicamente las diferencias puede ayudar a superar obstáculos en el avance de ellas a la alta dirección y reducir la brecha salarial injusta (entre 10 % a 30 %) que aún perdura. (Conclusiones de las médicas María José García Celma y Natalia López Moratalla, investigadoras y profesoras europeas, resumidas por Nuria Chinchilla, reconocida coach directiva)

El segundo aspecto es lograr la presencia de las mujeres en los diferentes ámbitos de la vida profesional y pública, a todos los niveles, lo cual implica facilitar el balance de vida, trabajo y familia para alcanzar igualdad real entre ambos géneros. Es un principio de inclusión aceptado en las escuelas de negocios que la mujer, sin importar la edad, para alcanzar la paridad con el hombre necesita poder sentirse libre de ser ella misma sea cual sea el trabajo que desarrolle. No debería encontrarse nunca forzada a elegir entre maternidad y carrera; es más, precisamente porque es madre debería ser todavía más apreciada en su ambiente de trabajo, en la familia, en la empresa y en la política. Han de crearse por tanto las condiciones sociales que permitan que ninguna trabajadora se sienta obligada a imitar a los varones para obtener un puesto o para conservarlo y progresar en él. Igualmente, se han de dar los presupuestos para que ninguna se vea forzada a ocultar su condición de madre, o a fingir que esta circunstancia es irrelevante para su vida laboral o profesional.

Examinando las condiciones sociales de la mujer de hoy, advertimos que de hecho se trata a las madres de una manera equivocada. Tendríamos que dialogar sobre qué debería realizarse desde el Estado, desde los empleadores, y desde la sociedad para cambiar estas percepciones negativas.

Empoderar a la mujer joven involucra dos elementos: uno, tener perspectiva de niñez. Debido a que muchas investigaciones reconocen mundialmente que el ámbito excelente (ideal) para los niños es una familia de padre y de madre, y que cada niño y cada niña tiene derecho a contar con la presencia y amor de un padre y una madre para educarse integralmente como persona, debemos pensar ahora cuál es el camino para lograr familias fuertes, sanas y estables en el largo plazo.

El tercer aspecto para apoyar a la mujer joven es la prevención. De acuerdo con especialistas en educación, la totalidad de los salvadoreños siguen señalando que la familia es el valor (aspecto) más importante y esencial de sus vidas. Por lo tanto, en la medida que logremos que los jóvenes reciban una educación que fortalezca los valores UNIVERSALES de amor, amistad, noviazgo, matrimonio, afectividad, y el aprecio por armonizar la vida laboral con la vida familiar, de forma coordinada con los papás (principalmente) con la sostenibilidad de los planes del gobierno y la alta dirección de las empresas, se logrará desarrollar en los jóvenes, niñas y niños, las competencias necesarias para que en el futuro puedan integrar hogares fundamentados en matrimonios estables, ya que tarde o temprano querrán formar sus propias familias. Necesitamos empoderar a padres y madres desde las escuelas públicas y privadas.

Pienso que esto es un anhelo que tienen no solo las mujeres de ese país o de Suiza o Noruega, sino que es una experiencia personal en las salvadoreñas.

Cuando se favorece una mirada positiva de las diferencias se puede construir la inclusión solidaridad entre ambos géneros, lo cual favorece el desarrollo de la innovación.

Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 2 de abril de 2023

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s