Adviento y Navidad: el mejor espíritu deportivo

Me gusta mucho escuchar la música alusiva a la Copa del Mundo de la FIFA Catar 2022, en especial la cantada por un miembro de la banda de K-pop surcoreana BTS, Jungkook, quien interpretó en la ceremonia de inicio el tema «Dreamers», una melodía que invita a bailar el ritmo de Michael Jackson con letra alusiva a respetar a quienes sueñan grande y se apasionan por conseguir metas altas.

A pesar de que hay varias canciones no oficiales, no siempre fue así. La primera canción oficial en un mundial fue en Chile 1962 llamada «El rock del mundial». Desde entonces ha explotado la creatividad musical con diferentes géneros: himnos instrumentales, o melodías con características de la música del país anfitrión; por orquestas o por solistas en diferentes idiomas…

Pero el tema en el mundial de Sudáfrica 2010: «Waka Waka, This Time for Africa» (Esto es África), interpretada por la colombiana Shakira junto al grupo sudafricano Freshlyground, ha sido hasta ahora el más vendido con 15 millones de copias, generando beneficios para la campaña benéfica en aquel tiempo para crear 20 centros juveniles deportivos de la FIFA.

Ahora empezaremos a escuchar himnos motivados por un evento ocurrido hace más de dos mil años y que ha inspirado música bellísima desde entonces, animando a toda la gran familia humana a unirse a celebrar el nacimiento de un Niño que además es Dios… que según la fe de los cristianos ha combatido y ganado el juego más importante de la vida en nuestro nombre para que podamos acceder con verdadero espíritu de lucha deportiva y con Su Gracia el premio que dura eternamente: la vida en junto al Padre Celestial.

Empieza por todos lados a escucharse el villancico «Noche de Paz… Noche de Amor…», recordándonos que dentro de un mes es Navidad, un tiempo de dar, de ser solidario. Las melodías propias invitan a pensar sobre retomar batallas espirituales con esperanza renovada y alegría de vivir.

«En una ocasión vi un águila encerrada en una jaula de hierro. Estaba sucia, medio desplumada; tenía entre las garras un trozo de carroña. Entonces pensé en lo que sería de mí si abandonara la vocación recibida de Dios. Me dio pena aquel animal solitario, aherrojado, que había nacido para subir muy alto y mirar de frente al sol. Podemos remontarnos hasta las humildes alturas del amor de Dios, del servicio a todos los hombres. Pero para eso es preciso que no haya recovecos en el alma, donde no pueda entrar el sol de Jesucristo. Hemos de echar fuera todas las preocupaciones que nos aparten de Él; y así, Cristo en tu inteligencia, Cristo en tus labios, Cristo en tu corazón, Cristo en tus obras. Toda la vida -el corazón y las obras, la inteligencia y las palabras- llena de Dios. ‘Abrid los ojos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se acerca’ (Lucas XXI, 28), hemos leído en el Evangelio. El tiempo de Adviento es tiempo de esperanza. Todo el panorama de nuestra vocación cristiana, esa unidad de vida que tiene como nervio la presencia de Dios, Padre Nuestro, puede y debe ser una realidad diaria». (Homilía «Vocación cristiana», n. 11, San Josemaría E. de Balaguer).

Adviento y Navidad implican adquirir un espíritu de pobreza o de desprendimiento material que nos ayuda «andar ligero de equipaje».

Es decir, con una «pobreza que radica, más que en el no tener, en el andar desprendido, ligero de equipaje, usando las cosas sin considerarlas como propias, careciendo de lo superfluo, no quejándose cuando falta lo necesario, eligiendo para sí lo peor, no creándose hábitos confortables, no permitiéndose caprichos, no apegándose a lo que a diario se utiliza: sea el reloj, sea la camisa, sea un coche, sea una habitación, sea la fotografía de un ser querido…». (Pilar Urbano en su biografía «El hombre de Villa Tevere», sobre San José María Escrivá de Balaguer).

«Noche de Paz… Noche de Amor…» El espíritu navideño que va más allá del arbolito lleno de luces y de la bulla de Santa Claus. Es la conversión del corazón que nos permite mirar la necesidad del hermano en la empresa, el hogar o la vecindad.

Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 27 de noviembre de 2022

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