Somos polvo de estrellas

Se nos advierte que tengamos cuidado por el nuevo rebrote del covid-19 y sus nuevas cepas, y que tratemos de estar recluidos. Así pues, me entretengo leyendo o escuchando novedades:

“A partir del Big Bang se crearon todas las partículas y se entrelazaron. Por eso, que estemos separados es una percepción de nuestro cerebro porque, en realidad, todas las partículas del cosmos están enlazadas. Me parece un concepto tan romántico y hermoso como difícil de comprender. Si fuéramos más conscientes de ello trataríamos mejor a los demás y al planeta en el que vivimos”… Por el estallido del Big Bang, teoría que trata de explicar el origen del Universo, todos hemos recibido partículas dispersas conteniendo hierro, calcio y otros minerales… Se podría decir que en el fondo somos polvo de estrellas…, al decir de una científica e investigadora de física cuántica, Profesora Sonia Fenandez-Vidal.

La Dra. Fernández, investigadora española, al explicar el cosmos señala que las partículas fundamentales con las que estamos formados todos los seres que existen (más diminutas que los átomos), dice que se comportan de forma extraña o antiintuitiva, pues estas partículas o “ladrillos” pueden: estar en dos sitios simultáneamente, son capaces de teletransportarse; atravesar paredes; tener “conexiones fantasmagóricas” (según A. Einstein quiere decir estar vinculadas desde dos puntos completamente distantes en Universo).

“Somos polvo de estrellas…” Esta poética frase de la científica me inspira a reflexionar que en realidad estamos conectados de formas misteriosas, ciertas y contundentes a través de fuerzas poderosas: una de ellas es el amor verdadero. Así lo han manifestado otras ciencias con anterioridad a la física cuántica tales como la filosofía, teología, psicología y las demás ciencias humanistas a lo largo de la historia del pensamiento humano, en especial la gran tradición de la cultura occidental fundamentada en las ideas greco-romanas y cristianas.

Pienso que el amor es capaz de reunir las partículas sueltas en una estrella capaz de transformar la realidad de formas insospechadas, de tal manera que se ha llegado a decir que Dios es Amor (1 Juan 4:7-9). Es decir, Comunión de Personas, ya que la plenitud de la imagen de Dios en el ser humano no está en cada individuo aislada sino en la comunión de personas unidas entre sí, a imagen de la Trinidad Santísima. (cfr. CCE, nn. 949-953).

La física cuántica ha forzado a los científicos filosofar, recordándome que la fe cristiana explicó hace siglos la conexión entre quienes vivimos y quienes han partido de esta vida, por la Comunión de los Santos (cfr. CCE, n. 946), que significa “fuente de vida que hace partícipe de la abundancia de la gracia y de la fuerza que da la unión, como fuente de alegría, al sentirse cada uno integrado en una multitud, en una familia, formando parte de una causa común, versos de un mismo poema; como fuente de responsabilidad, al influir la propia lucha y virtud en la lucha y virtud de los demás… La comunión de los santos es una presencia y una ayuda que no dependen de la cercanía física y menos aún de la materialidad de vivir bajo un mismo techo: superando las distancias se sitúa en un plano distinto al de las leyes del espacio. Por eso se puede ayudar a todos o ser ayudado por todos, aunque estén físicamente lejos”. Qué felicidad saberme unida a mi esposo, a pesar de su partida…

Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 10 de enero de 2021

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