Fertilidad humana, sexualidad verde, VI

NOVIEMBRE 2008

Hemos estado reflexionando sobre la belleza de lo natural, del respeto al medio ambiente en orden a cuidarlo para las nuevas generaciones. Existe la necesidad de admirarse y apreciar mejor la ecología, de tal forma que valoremos y ampliemos su concepto hacia la ecología humana, es decir, el cuido del ambiente propio y natural de las personas: la familia, matrimonio, amor, amistad.  En esta ecología humana encaja mejor una actitud de búsqueda de comportamientos en armonía con la Naturaleza, es decir, una sexualidad verde, la cual se relaciona con los  métodos naturales de regulación de la natalidad, que  permiten contar con una información correcta y veraz del hecho biológico de los períodos de la fertilidad femenina para lograr espaciar o lograr nacimientos. Una actitud verde ante la vida lleva a descubrir el valor de la sexualidad verde y de la fertilidad humana.

Pero ¿Qué es la fertilidad humana? La fertilidad es la potencialidad biológica de dar lugar a seres de la misma especie. En el ser humano, es la capacidad de engendrar nuevos seres humanos. Para la procreación de nuevos seres personales se precisa la fertilidad combinada de una mujer y de un varón (la unión de un gameto femenino y un gameto masculino), que se realiza a través de la unión varón – mujer en la relación sexual.

El acto en que se pone en juego la sexualidad humana es más que biología, ya que incluye una serie de connotaciones psicológicas e intelectuales que hacen que el ser humano se manifieste como persona hombre o como persona mujer. La sexualidad no solo está en el plano físico, sino también en el psicológico y el espiritual, lo cual deja huella en todas sus manifestaciones. Pertenecer a un determinado sexo, ya sea masculino o femenino, no puede  ser reducido a un puro e insignificante dato biológico, sino que es un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano.

Además de la dimensión procreativa, forman parte de la sexualidad humana aspectos fundamentales e inseparables como a dimensión afectiva, que incluye sentimientos, sonrisa, ternura, gestos de amistad, complementariedad, dialogo, compañerismo, entre otros.

Quererse como esposos es quererse como posibles padres y madres y responsables de dar al que va a nacer la mejor familia posible en la que reine el amor conyugal de los esposos. Es así una irresponsabilidad querer un hijo fuera del amor al esposo o a la esposa, o subordinar el amor al cónyuge al nacimiento del hijo. Igualmente es una irresponsabilidad no atender a los medios necesarios para promover la vida del recién nacido, del mismo modo que se es irresponsable cuando se contrae matrimonio sin considerar los medios para vivir con el cónyuge.

Descubren que la paternidad y maternidad responsable son las dimensiones por la que los esposos son responsables ante Dios del don maravilloso que han recibido. No son árbitros del don de la vida sino administraciones del mismo como verdaderos intérpretes del plan de Dios sobre ellos. Se trata fundamentalmente de ser responsables de su propia capacidad de trasmitir la vida enmarcada en el amor conyugal. Esto supone en primer lugar ser conscientes de la grandeza de la trasmisión de la vida humana, y ser conscientes de la  capacidad que Dios les ha concedido de ser transmisores dentro de la vivencia del genuino amor conyugal. La verdadera responsabilidad está unida entonces a su propio amor del que han de ser manifestación los hijos nacidos en ese matrimonio.

Por eso, la sexualidad verde ayuda a los esposos a poner en común  las intenciones procreativas asumiendo cada cual su respectiva responsabilidad. Usar los métodos naturales propicia salir de sí mismo para lograr una extraordinaria victoria contra el egoísmo.

En cierta manera, dicen los expertos, los métodos naturales fomentan a virtud de la humildad al obligar a las personas a adaptarse a un orden natural que ellos no han creado y que les trasciende. Es una lección para el hombre tecnológico actual y su tentación de soberbia que le hace sentirse dueño absoluto de los inicios de la vida para manipularla o crearla.

Practicar los métodos naturales facilita poner en práctica aspectos  no eróticos que son fundamentales e inseparables de la dimensión afectiva de la sexualidad humana: sonrisas de complicidad, detalles pequeños de amistad y compañerismo, mejora del dialogo, aumento de gestos románticos de ternura, (tomarse de la mano y abrazarse, escribirse cartas, notitas o correos electrónicos y llamadas al celular, hacerse favores,  etc.)

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