Amistad y poder femenino

EDITORIAL DE LA PRENSA GRAFICA- FEBRERO 2010

 

Intento mirar al mundo con ojos nuevos, para lograr admirarme ante la verdadera naturaleza de las cosas…..Una realidad que siempre atrapa y genera agradecimiento es contar con buenos amigos y amigas. Si bien el catorce de febrero se estableció para mostrar el afecto, podemos caer en la tentación de estar sólo a la expectativa de recibir, en lugar de cuidar que no haya ninguno que se quede sin recibir nuestras muestras de cariño. Si así fuera, no resultaría extraño que nos quedáramos heridas o susceptibles al no recibir la ternura que esperábamos.
La libertad es esencial en el amor de amistad, En ella nace y se desarrolla. La amistad o es libre o no es amistad, será otro tipo de relación pero nunca amistad. Y en la medida en que entre las amigas se va perdiendo la libertad, se muere la amistad. Hay amistades que inician robustas de libertad y de confianza mutua pero con el tiempo se van ahogando en deseos de mutuo dominio, en sometimientos y recortes, convirtiéndose en una cárcel que ahoga y destruye a la persona.

El amor más perfecto, se ha dicho, es el que no se preocupa por una misma, sino por los demás. Comienza con procurar el bienestar personal (a ese amor los griegos lo llamaban “eros”). Pero ese amor primero contiene algo de egoísmo, pues busca sobre todo la propia felicidad. Ese amor hemos de saberlo perfeccionar y llegar a querer más que mi propio bien, la felicidad del amado (y a este amor le llamaban los griegos “ágape”).
Nuestra fe cristiana nos ilumina para descubrir que el “el amor tiene muchos modos de manifestarse. La amistad es de todos el modo más sublime de amar. Jesús dijo: “Nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13) El estar dispuesto a dar la vida, y darla, es un rasgo esencial del amor. Que una madre o un padre den la vida por el hijo es natural. Todo amor verdadero ha de desembocar en el mar infinito de la amistad. Los padres han de llegar a ser amigos de sus hijos y estos de sus padres, para que su amor, paterno-filial, pueda liberarse de todas las ataduras y condicionamientos de consanguinidad. El amor de pareja ha de pasar de la pasión del enamoramiento, condicionado por la fuerza de la naturaleza, al amor de amistad, en el que, sin dejar de lado la pasión, se va amando al otro por lo que es y no por lo que me da”

La amistad verdadera se reconoce por una exquisita amabilidad que no tiene nada de formal, que expresa una extraordinaria atención por cada una de las personas. Aun con agenda de trabajo apretada, trata siempre de no caer el atolondramiento de ignorar a nadie. Hace el esfuerzo de ver cómo con todas las personas que encuentra, intercambia alguna palabra, no por compromiso, sino personalizada. Considero que el verdadero sentimiento de la amistad es sagrado, comenzando con la amistad con Dios,  y luego también la amistad humana y fraternal. Se aprende en la escuela del hogar y con las mujeres a quienes admiramos, así como de las grandes santas de la Iglesia y la Biblia, sin olvidar que la amistad ha de ser regada “por la caridad que ha derramado en nuestros corazones el Espíritu Santo, que nos fue enviado y dado” (San Agustin mencionado por Tarcisio Bertone)

La amistad como el amor no es una realidad abstracta, un lindo deseo, es algo muy real, manifestado en obras y en las palabras que se originan en el corazón. Agradezco por la amigas que tengo, quienes dan peso y valor a mi vida.

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