#Marca de confianza: Iker y Xavi

Cada persona se construye una imagen por la cual la mayoría de la gente acaba reconociendo y posicionándola mentalmente cada vez que escucha su nombre, su rostro o su fotografía, recordándola con una determinada reputación. Con otras palabras, se podría comparar con las referencias e historias que darían en el día de su sepelio quienes le conocieron en vida: amigos, colegas, colaboradores, familia, clientes, pacientes, compañeros del centro de estudios, los pares en las directivas, etc.
La noticia del reconocimiento al portero y al centrocampista perteneciente al Real y al Barca, respectivamente, ha corrido como rejero de pólvora: “El jurado considera que estos jugadores simbolizan los valores de la amistad y el compañerismo, más allá de la máxima rivalidad de sus respectivos equipos. Su comportamiento deportivo es un modelo para los jóvenes. Han conseguido los títulos más importantes con sus clubes y la Selección y son un ejemplo de juego limpio. Juntos han mostrado una actitud conciliadora que ha limado las tradicionales diferencias entre jugadores y aficiones. Mantienen una estrecha amistad desde que ganaron con la Selección el Mundial Sub-20 de Nigeria en 1999 y el paso del tiempo ha fortalecido esa relación por encima de los enfrentamientos y pasiones”, explica el fallo”. ( C. Colino/L. G. Manjoya)
Iker y Xavi son un ejemplo de comportamiento ético consistente, que tiene como resultado la generación de confianza en las personas que les rodean. Ambos deportistas extienden confianza antes de cada encuentro y no comenten la insensatez de vivir desconfiando. Confiar es una prestación que se da por adelantado, pues significa que la otra persona va a dar lo mejor de si mismo en la tarea o encargo que se le ha dado. En el caso de los dos futbolistas, ellos esperan caballerosidad en el terreno de juego a pesar de jugar en bandos diferentes.
Construir una imagen o marca personal de confianza, #personalbranding que facilite el liderazgo y comunicación eficaz al dirigir equipos de talentos, requiere que nos ocupemos por ser confiables. “Si esta llegara a faltar, la situación puede llegar a destruir el gobierno más poderoso, el negocio más exitoso, la amistad más sólida, el amor más profundo. Sin embargo, si se desarrolla y se potencia, es lo único que puede crear un éxito sin precedente y generar prosperidad en todas las dimensiones de la vida” (S. Covey).
Recuperar o fortalecer una marca de confiabilidad implica  hacer pequeños actos que fomenten la confianza tales como: Hablar con franqueza; demostrar respeto; actuar con transparencia; corregir errores; demostrar lealtad; lograr resultados; mejorar como persona; enfrentar la realidad; clarificar expectativas; sintiéndose cómodo al rendir cuentas; sabiendo escuchar primero; cumpliendo compromisos y promesas; proporcionado (extendiendo) confianza a su alrededor. (Del libro “La velocidad de la confianza: lo cambia todo”, S. Covey)
No hay que confundir confiabilidad con “ingenuidad”, porque al hacerlo se puede caer en una mentalidad de suspicacia y cinismo al relacionarse con los demás. Mejor es arriesgarse a ofrecer confianza que caer en la actitud egoísta del que se cree “vivo”, del aprovechado que vive a expensas de lo que le regalan o que “cacha”. Dejemos atrás los viejos paradigmas del “piensa mal y acertaras”.
Podemos crear condiciones para que las personas se transformen, al igual que lo hacen Iker y Xavi, en sus trabajos y entornos familiares.
Contribuyamos una nueva cultura de confianza alrededor, ya sea en la familia o en la empresa, con el objetivo de bajarle volumen al pleito en las relaciones interpersonales que más apreciamos, respetando incondicionalmente a los que amamos y a quienes laboran con nosotros.
La confianza se crea por la conducta, pero a su vez,  esta se produce por una idea, y con esto se llega a los logros. La confianza alta acelera el éxito porque todo camina con más eficacia. Hay un principio que detona el ciclo de confianza: cuando aparece un líder integro, coherente entre lo dice y hace.
Cuando hay confianza, se genera flexibilidad de mente y se empodera a los miembros del equipo para que tome decisiones en el momento que haga falta. A esta corriente Peter Drucker le llama “personas se tienen que gerenciarse a sí mismas”.
Especialmente ahora que las oficinas son virtuales, la coherencia en la conducta se vuelve fundamental, ya que solo una persona íntegra se vuelve confiable, pues al no estar presente en la sede central de la compañía, se confía que estará trabajando por lograr resultados mientras armoniza su vida laboral, personal y familiar.

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