El poder de uno

AGOSTO 2010

Conocer historias de éxito y perseverancia es alimento del alma. Hemos tenido una lluvia de testimonios que nos dan razones para  ser optimistas. Comenzando por la visita de las reliquias de un gran cristiano, San Juan Bosco, quien tiene un puesto ganado en el corazón de jóvenes y viejos porque ha hecho vida el cristianismo.

Las actividades musicales juveniles en honor de este amigo fiel de Dios le dan Gloria a Nuestro Señor Jesús, pues cada santo tiene como fin imitar en algún aspecto a nuestro único modelo: Cristo.

La historia de Don Bosco es impresionante, pues relata como un niño que nació en una situación de pobreza extrema en Italia, contando como única riqueza el amor incondicional de su madre, inició una obra global que hoy lleva amor y esperanza a la juventud a través de la formación técnica y espiritual.

Otras buenas noticias fueron la entrega de los premios de la fundación Gloria de Kriete a tres organizaciones distintas entre sí, bajo el lema “cuando cambias una vida, te quedas en la vida que cambias”; y por último, que una jueza bloqueo la ley antiinmigrante en USA.

El temple de una persona se mide por los problemas que le toca enfrentar y como los resuelve. Con estos ejemplos de emprendedores sociales y políticos podemos darnos cuenta que ante la disyuntiva de  elegir quedarse cómodamente en un lugar privilegiado en la sociedad o complicarse la vida aceptando ayudar al prójimo, ellos cambiaron su entorno ayudando a una persona a la vez.

Pienso que hay que animar a que más ciudadanos y empresarios (pequeños, medianos y grandes) se vuelvan agentes de cambio, sobre todo en política, para que cuando se les llame a colaborar en estos momentos de crisis de valores políticos, se entusiasmen a hacerlo.

Toda democracia se fundamenta en partidos sanos y fuertes, pero actualmente se tiene en tal desprestigio este campo tan noble, que se piensa que “la política es sucia” y no es verdad. Lo que hay son muchas noticias de pocos políticos malos que la deshonran. Sí los ciudadanos normales y corrientes no se meten a ser políticos, le dejarán el campo libre a los que viven de la política (clientelismo), a los mediocres, o a los populistas. Hay mucha gente buena trabajando ya, pero no son novedad.

La fortaleza se ha definido como la virtud que predispone para hacer lo que es bueno a pesar de cualquier dificultad. Para ser fuertes necesitamos salvar las barreras pequeñas o grandes y superar los miedos. Barreras como un exagerado deseo de ser aceptado, de pertenecer, de ser “uno más” de la mayoría. Muros como un temor incomprensible al “que dirán” o la opinión pública. Ser fuertes implica vencer el temor a ser criticados o a ser menospreciados, o lo peor de todo, a ser ridiculizados.

Al inicio comentaba de los héroes anónimos cuya historia de fortaleza conocemos ahora. Lo común en ellos es el temple para arriesgar su nombre, perder clientes en su empresa y ser criticado por tomar decisiones dirigiendo una gremial, una organización, una cooperativa o un partido político. Trataron de aprender y ejercer un liderazgo basaba en el testimonio de su fortaleza. Esto crea confianza y optimismo en quienes les rodean. J.J. Servan Shreiber recuerda que “la dirección es el arte de las artes, ya que se dedica a organizar el talento”.

Una democracia no puede sobrevivir sin optimismo, si no encuentra personas con esperanza en el futuro. Para ser optimista se necesita fortaleza para actuar en la consecución de objetivos que lleven  a conseguir el bien común con paciencia y perseverancia. ¿Adónde podemos aportar?

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