La honorable rivalidad que ha existido entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo no tiene comparación en toda la historia moderna del fútbol. Por eso no es de extrañar que, debido a la forma de conducirse con honor durante toda su trayectoria deportiva, estos dos cracks de oro se hayan convertido en los primeros jugadores en lucir el parche Legacy en una Copa del Mundo, en un costado de sus camisetas. Parece un reconocimiento reservado para quienes serán leyendas eternas por haber disputado cinco ediciones o más del torneo más importante del planeta: los Mundiales de Fútbol.
Si pudiéramos resumir algunos comportamientos honorables de Messi y Ronaldo en la cancha, que trascienden sus reconocimientos, goles de victoria y millones de dólares ganados, se podrían describir así:
a) Competir lealmente. La rivalidad se mantuvo durante una década dentro del campo de juego, sin que dar lo mejor significara desear el mal al rival o no saber perder.
b) Respeto profesional mutuo. Sin ser amigos cercanos fuera de las canchas, los dos han dado declaraciones que muestran una recíproca e inmensa admiración por la disciplina, consistencia y alto nivel de juego del otro.
c) El legado para futuras generaciones. Tanto el argentino como el portugués están convencidos de que llegar a la cima de sus trayectorias deportivas ha ensalzado no solo sus profesiones, sino el deporte nacional, haciendo sentir a sus connacionales orgullo por su tierra, más allá de haber ganado un trofeo para sus equipos. Algunos jugadores veteranos, como Oliver Kahn, de la selección alemana, comentan que «la estabilidad y los altos estándares de juego establecidos por estas dos estrellas podrían no volver a verse nunca más en el fútbol mundial«.
¿Qué podemos aprender de ellos? Creo que la primera lección que me enseñan la Pulga Messi y el Bicho Ronaldo es la resiliencia ante cualquier situación difícil, como, por ejemplo, los años difíciles del portugués en su regreso al Manchester United, haciendo un cambio radical de juego, país e idioma con su traslado a Arabia Saudita. Y el argentino, con su traslado al equipo parisino, adonde no fue valorado, pero en el que nunca dejó de presentar una actitud positiva. Otras lecciones son que ambos ponen primero el amor a la familia y la fe en Dios. También les admiro la capacidad de trabajo y su innovación profesional. Singular enseñanza de Ronaldo ha sido felicitar siempre a sus colegas rivales después de que gana con su equipo. Asimismo, con Messi podemos aprender que, a pesar de su título de goleador inigualable, siempre ha mostrado una sencillez fuera de serie. Según las noticias, nunca se le han conocido palabras o gestos destemplados y prepotentes, sino que más bien aparece en las conferencias de prensa hablando con serenidad, tanto si su opinión expresa desacuerdos como si señala coincidencias con los entrevistadores o aficionados. No hay que olvidar que podemos hacer mucho daño con el mal uso del lenguaje, pues produce falta de concordia en nuestro entorno.
El duelo entre Messi y Ronaldo, que ha durado casi veinte años, sigue siendo uno de los temas favoritos actualmente. Se ha destacado que la grandeza honorable de ambos no se basa en declaraciones públicas o juegos de palabras, sino en el entrenamiento incansable y los resultados en el campo. Los goles pueden acaparar los titulares, pero la marca de un verdadero gran delantero es la habilidad de marcar y asistir a sus compañeros. Tanto Ronaldo como Messi han armado las jugadas para lograr que otros brillen; sin embargo, Messi, en este departamento, supera a Ronaldo. La disparidad puede atribuirse a la evolución de sus roles, ya que ambos jugadores comenzaron sus carreras como extremos tradicionales, pero Messi ha evolucionado hacia un mediocampista ofensivo con gran movilidad y segundo delantero, facilitando con honor el juego tanto como finalizándolo. En cambio, Ronaldo se ha convertido en un delantero más tradicional, centrado principalmente en marcar goles.
Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 05 de julio de 2026

