“Kilobots familiar” para desarrollar habilidades blandas y capital humano

Las tecnologías en surgimiento gracias a la transformación digital y la cuarta revolución industrial me apasionan porque nos plantean interrogantes sobre cómo abordar la incertidumbre sobre el futuro del trabajo, las cuales requiere ser abordadas desde una perspectiva humanista y ética.

De esta forma nos aseguramos que estos avances materiales nos sirvan para construir un mundo mejor para todos, sin excluir a nadie. Ya lo señalaba hace años Zygmunt Bauman, sociólogo polaco, creador del concepto modernidad líquida, cuando nos alertaba:

Una de las características de nuestro mundo actual es que tiene una naturaleza, endeble, efímera, líquida…Es un señalamiento que no tiene como finalidad producir miedo o enfrentarnos al espejo eterno de las crisis. Por el contrario, entre otras cuestiones, plantea la urgente necesidad de adoptar una nueva perspectiva para gobernar este mundo cada vez más complejo“.

De acuerdo con el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en ingles), en asociación con la red profesional LinkedIn, se prevé que con el avance de la cuarta revolución industrial los empleadores están exigiendo una mayor combinación de habilidades blandas, en especial las sociales y de comunicación (softs kills).

“A medida que tecnologías como la automatización y los algoritmos crean nuevos trabajos de alta calidad y eliminan a otros, la demanda de tales competencias solo es probable que aumente. Las habilidades en la demanda también reflejan el mundo cada vez más digital, con la computación en la nube y la IA en la cima.

Después de la creatividad, LinkedIn dijo que las principales habilidades blandas eran la persuasión, la colaboración, la adaptabilidad y la gestión del tiempo.

El foro analizó cómo es probable que la conveniencia de esos atributos evolucione con el tiempo, con el aprendizaje activo, la creatividad y la influencia social en la lista.

¿En qué nos podemos inspirar para educar en lo necesario

a los trabajadores actuales y futuros?

Escribí hace varios años acerca del inicio de los robots Kilobots, máquinas que miden tan solo unos centímetros de ancho y cuentan con un diseño extremadamente simple. Sin embargo, representan un hito importante en el desarrollo de la inteligencia artificial colectiva, de acuerdo con Radhika Nagpal, director del proyecto en la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de Harvard. Para obtener el bosquejo robótico de los Kilobots se inspiraron en la forma de trabajar de las termitas africanas.

“La belleza de los sistemas biológicos es que son elegantemente simples y, sin embargo, en gran número, pueden lograr lo que parecía imposible… Los colectivos biológicos implican un enorme número de entidades que cooperen entre sí; las células, los insectos y animales se unen para logar en masa o equipo tareas que están en una magnitud más allá de la escala de cualquier individuo…

Esto puede inspirar sistemas en los que las personas pueden autoensamblarse juntas para resolver los problemas”. (Michael Rubenstein, SEAS de Harvard) Si aplicamos la teoría biológica detrás de la robótica, podríamos hablar del “Kilobots familiar” con respecto a la sociedad. Es decir, ese elemento sencillo o célula básica social que si está sana y fuerte puede llevar a construir un país de primera con un avanzado desarrollo sostenible y progreso de todos.

Las personas necesitan un hogar donde aprender a desarrollar las habilidades que nos hacen más humanos: ser sociales, compasivos, amorosos, capaces de razonar y analizar críticamente; apasionados por el trabajo bien hecho, creativo y relevante, para producir servicios y productos que mejoren la vida de las personas; a ser abiertos, incluyentes y justos; en fin, a formarse en las habilidades blandas (softs kills) para sacar la mejor versión de nosotros mismos.

La necesidad urgente de actualizar, reciclar y formar a la actual y futura plantilla de equipos de trabajadores y profesionales es una tarea de todos: Estado, empresa, sociedad, por lo que apoyar a las familias a realizar su trabajo de formadores de capital social y humano de las próximas generaciones de personas talentosas es el acto de nobleza y solidaridad mayor que se puede hacer para conseguir el progreso de todos.

La dignidad de cada individuo le merece el derecho y deber de contar con hogar, adonde tenga un espacio entrañable donde le ocurra el acontecimiento más importante de su existencia: vivir; y en que tenga la posibilidad de aprender a trabajar y descansar: dormir y soñar; crecer y madurar. Donde se reservará la mayor intimidad y se abrirá el calor de la amistad. Por eso propongo que cada una de las familias tratemos de unirnos con el propósito común de cuidarnos y apoyarnos, aprendiendo una familia de la otra.

Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 28 de abril de 2019

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