Dejar de confiar es el mayor predictor de fracaso matrimonial y el principal factor de rompimiento de las relaciones de pareja, según el reconocido psiquiatra investigador y fundador del Instituto Gottman, John Gottman.
¿Por qué es importante la confianza? Según el Dr. Gottman, este valor humano no solo es indispensable para quienes están enamorados y quieren seguir estándolo por mucho tiempo, sino que también es vital para barrios, estados y países. La confianza es fundamental para que cualquier tipo de comunidad funcione bien de forma sostenible y se refiere a la construcción de “capital social”, según el término acuñado por la sociología.
De acuerdo con datos recientes sobre el tema, existe una gran disparidad a nivel internacional en la percepción de la confiabilidad de las personas: en Brasil, el 2 % de la población dice confiar en otras personas; en Noruega, el 65 % afirma confiar en los demás (Enlace). Asimismo, esos datos señalan que, cuando una sociedad padece desconfianza, las personas votan menos, los padres, alumnos y profesores son menos activos; las ONG reciben menos recursos; la delincuencia aumenta; la expectativa de vida es menor, y se observan peores indicadores de salud y un menor rendimiento en colegios y trabajos.
¿Cómo se cambian las actitudes de desconfianza? En mi caso particular no sabría decirlo con exactitud, pero pueden extraerse algunos consejos de quienes estudian el tema. Uno de mis profesores de la Maestría en Gobierno de Empresas de la Escuela de Negocios PAD, de la Universidad de Piura, en Perú, recomendaba que, para cualquier conversación profunda, antes de responder hay que “marcar el territorio” para evitar debates estériles; es decir, definir el concepto central. En el caso del título de esta columna, ello consiste primero en definir la confianza y medirla científicamente, ya que las ciencias involucradas permiten ser más precisos y objetivos, ya sea desde la antropología, la psiquiatría, la sociología o la economía.
Según el Dr. Gottman, cuando medimos algo de forma objetiva y precisa, automáticamente obtenemos una receta para solucionarlo. Así acuñó las “métricas de la confianza en el matrimonio”, fundamentadas en el concepto de confianza relacionado con los resultados matemáticos obtenidos tras preguntar a miles de parejas qué se entiende por tener confianza en la pareja. La mayoría señaló que implica esperar que el comportamiento de la pareja contribuya al crecimiento personal y humano. Incluye también la expectativa de que, aun en circunstancias de desacuerdo entre esposo y esposa, ninguno de los dos actuará en contra del bienestar o de los mejores intereses del otro.
Los elementos de estas métricas son:
1) creer que la pareja tiene en mente los mejores intereses del otro al actuar;
2) que cada cónyuge perciba en el otro una atención genuina a servir las necesidades reales de la persona amada; y
3) que marido y mujer tomen medidas concretas para satisfacer esas necesidades de manera recíproca.
A lo largo de las décadas he sido testigo de que la confianza es un elemento esencial para sobresalir y conectar. En la era digital y global, una presencia confiable no es solo un activo: es la base sobre la que se construye una trayectoria consistente. Efectivamente, para construir confianza hay que recordar que no basta con ser bueno, sino también parecerlo, pues la comunicación no verbal desempeña un papel decisivo a la hora de transmitir confianza y de establecer relaciones sociales, permitiendo la consecución de metas y propósitos de vida en la era inteligente actual.
Columna de opinión, La Prensa Gráfica, 01 de febrero de 2026

