En la clásica película El Gladiador, la carta que el emperador Marco Aurelio escribe a su lujurioso hijo Cómodo aparece revelada en la escena en que recibe, tras su última victoria, al general Máximo, de quien se siente orgulloso y le apuesta con esperanza para el futuro de Roma. El emperador está seguro, por el ejemplar carácter del soldado, que priorizaría la sabiduría y la justicia, eligiéndolo por sobre la herencia familiar para ejercer un liderazgo confiable. Lo escrito puntea la decepción del glorioso padre por su vástago, señalándole la incapacidad para gobernar, a diferencia de Máximo… Pero no logra instaurarlo como sucesor porque Cómodo los traiciona a ambos de manera cruel y sangrienta, impidiendo la intención del gobernante de restaurar la república romana.
En la epístola del poderoso emperador se señalan las cualidades que debe y quiere utilizar el poder y la autoridad con excelencia: la prudencia, la justicia, la templanza y la fortaleza. En recientes siglos, la cristiandad añadió la cualidad que engrandece más las cuatro anteriores: el amor, que significa servicio a los demás, al bien común, incluyendo la sinceridad y la humildad.
Poniendo de marco este ejemplo histórico, mi profesor del máster en Gobierno de Organizaciones comparte las tres habilidades necesarias para gobernar bien una empresa, un país o una familia, inspiradas en el gran pensador y profesor Juan Antonio Pérez López: estratégicas, ejecutivas y de liderazgo. “Si las comparamos con las que debe tener el capitán de un barco, las estratégicas permiten saber cómo conducir el barco en el mar. Las ejecutivas permiten gobernar o mandar bien a la tripulación para que todos contribuyan eficazmente… Si falla en alguna de las dos no llegará a buen puerto: o no sabrá para dónde llevar la nave, o no logrará que la tripulación haga bien su trabajo… Las dos son imprescindibles en grado mayor o menor según la posición del directivo, tipo de organización, entorno, etc. Ambas son de naturaleza cognoscitiva, y distintas de una necesaria tercera cualidad: la cualidad de líder, que es de naturaleza motivacional. La tercera, que es ejercer el liderazgo, se encuentra un tanto desatendida en la actualidad, a pesar de que fue descubierta muchos siglos atrás. Es la que diferencia a un buen capitán de barco de un pirata: la intención, finalidad con la que hace su función de mando…”
Por otro lado, completa estas ideas sobre mandar bien las del escritor Robert Lee Barber, especialista en liderazgo y estrategia, en su libro Liderar por diseño: El secreto del liderazgo que nadie te cuenta, explicando que el liderazgo efectivo no se trata de carisma o talento innato, sino de un proceso repetible que se puede aprender, aplicar y dominar a través de un marco estructurado que permite conseguir resultados consistentes y duraderos, centrándose en seis cuadrantes de liderazgo esenciales:
1. Claridad de propósito: definir su visión de liderazgo y alinear los objetivos personales con la misión de la organización.
2. Establecer la dirección: elaborar objetivos, medir el progreso y garantizar la alineación de los equipos con estrategias prácticas y la comunicación efectiva.
3. Ejecución consistente: dominar la gestión del tiempo, la priorización, la delegación y el enfoque.
4. Conexión: construir confianza auténtica, fomentar la colaboración y crear entornos psicológicamente seguros.
5. Cumplimiento: comprender y aplicar las políticas de recursos humanos, las prácticas éticas y los estándares legales para crear una cultura de equidad y responsabilidad.
6. Desarrollo avanzado: invertir en tutoría, planificación de sucesión y crecimiento personal. (Enlace)
Columna de Opinión, La prensa Gráfica, 13 de julio de 2025

