Amor: la mayor y más radical elección humana

Todas las vivencias en el episodio final junto a mi esposo han sido uno de los mayores privilegios que he tenido, a pesar del dolor profundo que significó perderlo por una enfermedad terminal de cáncer (transitoriamente, según la fe cristiana). Entre otras cosas, permitió que ambos cumpliéramos la palabra dada en la ceremonia matrimonial: “Prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza; en la alegría y en la tristeza… en cada momento de la vida hasta que la muerte nos separe…”.

La experiencia también me enseñó que los momentos de ternura experimentados en situaciones difíciles se convirtieron en pruebas de una clase de coraje que tiene su origen en la mayor y más radical elección humana: el amor. Pienso que, si hay algún elemento que da belleza y sentido a la vida, ese es, sin duda, el amor verdadero, en especial cuando se manifiesta a través de actos de ternura, pues son la expresión más serena, bella y firme del amor.


Acompañar casi un año a mi pareja, amante y cómplice en su partida, después de una trayectoria conyugal de 35 años, es uno de los mejores regalos recibidos. Tengo grabados en mi corazón e imaginación los pequeños actos de ternura durante ese tiempo, a pesar del esfuerzo que le suponían: sus miradas amorosas, los besos que me lanzaba, su eterna sonrisa, sus gestos con inclinación de cabeza agradeciendo los cuidados que le brindábamos, la manera en que se concentraba al escuchar las oraciones del sacerdote que lo acompañó en su última etapa. Era conmovedor observar su alegre disposición a dar abrazos, a pesar del esfuerzo que le suponían, y el libre asentimiento, dócil, a seguir las indicaciones del médico, aunque le supusieran grandes incomodidades. Estos recuerdos son un bálsamo consolador que produce agradecimiento por ser testigo de su actitud valiente, alimentada por una fe puesta en Dios, la cual le brindaba una paz que reflejaba su rostro y de la cual su madre, sus amigos, la familia y su esposa fuimos testigos.


El poeta Oscar Wilde escribió que en el arte, como en el amor, es la ternura lo que da la fuerza. Mahatma Gandhi apuntaba en la misma dirección cuando decía que un cobarde es incapaz de mostrar amor. Y así es: “paradójicamente, la ternura no es blanda, sino fuerte, firme y audaz, porque se muestra sin barreras, sin miedo. Es más, no solo la ternura puede leerse como un acto de coraje, sino también de voluntad para mantener y reforzar el vínculo de una relación”. (1)
Quisiera compartir algunas ideas para cuidar la elección radical que hemos realizado de amar exclusivamente y para siempre en esta vida, a través de siete consejos del Instituto Gottman (2):


1. Mejorar el mapa del amor. Cada persona tiene su historia, sus creencias y sus formas diferentes de actuar en la vida y de abordar dificultades. Reconocer esto significa caer en la cuenta de la geografía emocional de la pareja para poder comunicarse mejor a través de la empatía, logrando mayor intimidad.


2. Apreciar a la pareja, considerarla un amigo o amiga. Cuando hay verdadera amistad, la relación de pareja se vuelve más fuerte y estable. Mi esposo solía decirme que yo era su “mejor amigo” y que “nada es real hasta que no te lo cuento a ti”.


3. Poner atención. Es muy importante mirar a los ojos al otro siempre que se converse de un problema, o simplemente cuando se platique de algo importante o se pase tiempo juntos, sin distracciones (celular, periódico, TV, Netflix, series, etc.). No hay que olvidar, por eso, cuidar los buenos modales y la etiqueta con la pareja.


4. Dejar que la pareja sea la influencia principal. Se relaciona con influirse uno al otro para descubrir las emociones que experimentan y poder conversarlas abiertamente.


5. Lidiar con los problemas que sí tienen solución. Los problemas se pueden hablar para que no escalen, generando estrés y conflictos. Temas como el dinero, las tareas del hogar, la familia política, la sexualidad y el trabajo profesional han de conversarse con sencillez, buscando corresponsabilidad, colaboración y cooperación entre ambos.


6. Superar el sentido de pausa. Esto pasa cuando los sueños de cada uno o de la pareja no se cumplen. Una pareja debe ayudarse a crecer mutuamente para alcanzarlos. “Hoy por ti, mañana por mí”.


7. Crear un propósito compartido. Los significados compartidos fortalecerán la amistad conyugal.

(1) https://elpais.com/diario/2006/03/19/eps/1142753227_850215.html
(1) https://harmonia.la/relaciones/pareja/los-7-principios-que-hacen-que-un-matrimonio-funcione

Columna de Opinión, 15 de febrero de 2026, La Prensa Gráfica

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