Es conocida una frase popular que se escucha siempre por esta época: “Año nuevo, vida nueva”. Por eso, quisiera proponer algunos nuevos hábitos que pueden servirnos para elegir aquellos que mejor vayan con nuestra personalidad y circunstancias personales.
Nuevos hábitos para mantener o incrementar el amor matrimonial.
1. Abrazarse varias veces al día por al menos ocho segundos. Esta recomendación ha sido frecuentemente compartida por expertos como la psiquiatra Marian Rojas Estapé y el neurocientífico Paul Zak, quienes señalan que los abrazos prolongados (algunos dicen ocho segundos, otros veinte) liberan oxitocina —hormona del bienestar y la conexión— y reducen el estrés (cortisol), mejorando el ánimo, el bienestar, la longevidad y la salud mental, siendo además una práctica clave para la felicidad y el crecimiento personal.
2. Mirarse a los ojos siempre que conversen o al estar en silencio contemplando un paisaje. Al estar en un evento social juntos, buscarse con la mirada para conectar sin palabras.
3. Tomarse de la mano cada vez que puedan, incluyendo al dormir, al pasear, al llegar a un lugar o al irse juntos.
4. Al momento de la intimidad, cuidar la ternura y decir siempre “te amo”.
5. Nunca perder las buenas maneras entre los dos, reforzando las palabras mágicas: gracias, por favor, perdón y con permiso.
6. Nunca hablar ni quejarse de los defectos de la pareja con otras personas o en un evento social.
Nuevos hábitos para ser más felices (que impactan positivamente la salud mental y el bienestar).
Según el profesor de la clase de felicidad, el Dr. Arthur Brooks, hay cuatro claves cada día:
1. Practicar la fe.
2. Estar cerca de la familia.
3. Cultivar verdaderas amistades.
4. Tomar en serio el trabajo, haciéndolo con excelencia, con el propósito de servir y de agregar valor a la sociedad a través de lo que se hace, ayudando a las personas alrededor a ser mejores seres humanos y también a uno mismo (sentirse necesario).
Nuevos hábitos para lograr el balance entre vida, trabajo y familia.
1. Establecer la misión familiar. Hay que recordar que las familias no solo se desenvuelven a base de crisis, estados de ánimo, arreglos transitorios o gratificaciones instantáneas, sino sobre la base de principios sanos y previamente establecidos. El núcleo de la familia no cambia; lo propio de cada hogar son los valores compartidos y las metas establecidas. Al tener una misión familiar se establecen los cimientos del proyecto familiar. Así, cuando aparecen los retos, las dificultades y los cambios drásticos, se puede revisar la misión, que se vuelve referencia para pensar y gobernar la propia familia. ¿Cuál es la suya?
2. Re-evaluar los propios valores. Los valores guían las acciones y usualmente son el resultado de experiencias de vida. Un valor es “un principio, estándar o cualidad muy valorada o deseada”. Es importante tener claros los propios valores para reducir el estrés en la familia, ya que algunos pueden entrar en conflicto con otros. Ejemplo: “Creo que es importante llegar temprano al trabajo y también es importante no salir de casa hasta que esté ordenada”. Factores externos pueden afectar nuestros valores; por ello, es importante modificarlos o priorizarlos para disminuir el estrés.
3. Establecer metas y expectativas realistas. Las metas son importantes porque ayudan a definir el uso del tiempo. Ejemplos: “Quiero ser gerente general de… cuando tenga 35 años” o “Quiero terminar mi maestría antes de casarme o antes de…”. Estos ejemplos están centrados en cumplimiento y educación. Los valores dan el empuje para alcanzar esas metas. Las metas pueden ser concretas o relativas, como: “Quiero educar niños responsables”. Para bajar el estrés, podemos optar por poner algunas metas a un lado y modificar otras.
4. Establecer prioridades y manejar el tiempo. El tiempo se gestiona mejor al establecer prioridades que conduzcan al cumplimiento de las metas. No olvidar que, aunque se logre un buen manejo del tiempo, puede no alcanzarse la eficacia si se cae en el error de “hacer las cosas correctamente, pero no las cosas correctas o importantes”.
5. Entender qué es el control sano. Asumir que “estar en control es dejar ir”. A veces se piensa que hacerlo todo uno mismo es mejor; sin embargo, aprender a delegar o dividir el trabajo permite cubrir las necesidades básicas del hogar o del trabajo sin perder poder ni importancia. Por el contrario, genera satisfacción personal el poder estar bien en cada área de la vida.
6. Aprender a decir que no, especialmente cuando se pide algo, se invita a un evento social o se solicita un favor cuando ya se está desbordado
Columna de opinión, La Prensa Gráfica, 04 de enero de 2026

