Entre mis clientes, líderes jóvenes (y mayores también), frecuentemente escucho que no se sienten escuchados en una reunión de trabajo o cuando quieren dar su opinión o hacer una presentación importante. Quienes buscan dirigir mejor a sus equipos de alto rendimiento (o un emprendimiento) tienen la oportunidad de mejorar su comunicación interpersonal si examinan la manera en que hablan a sus oyentes o auditorio, apoyándose especialmente en una voz que proyecte y despierte respeto.
De acuerdo con Evy Poumpouras, exagente del Servicio Secreto de Estados Unidos, asesora y autora exitosa de libros como El arte de influir, se aconseja que, al comunicarse (con alguien o ante un auditorio), importa no solo lo que se dice, sino especialmente lo que los demás escuchan. Ella recomienda dos claves para proyectar confianza e influir, haciendo estos ejercicios para educar la voz:
- Usar el tono más grave o profundo de voz al conversar, ya sea en un comité de negocios o al conferenciar.
- Utilizar un nivel de volumen de medio a alto para que se escuche claramente lo que decimos cuando hacemos propuestas o respondemos preguntas sobre un proyecto crucial de la organización.
En el fondo, las recomendaciones de los expertos en comunicación dan por descontado que tanto el emisor como el receptor del mensaje son personas dignas de respeto debido a su dignidad de origen, adjudicándoles por ello un altísimo valor intrínseco. En estas ideas coinciden con los filósofos griegos, quienes afirmaron siglos antes de Cristo que básicamente somos seres sociales, interdependientes unos de otros, llegando a afirmar que el sujeto, el fundamento y el fin de la vida social es la persona y el bien de esta. Por eso, el nivel óptimo de la sociedad ocurre cuando se orienta al crecimiento de sus miembros para que desplieguen su mejor versión en todos los aspectos: el intelectual, el moral, el biológico, el artístico, el nutritivo, el cultural y el espiritual.
Según el profesor Luis Fernando Múgica, la persona humana es una “individualidad que se autoposee”. Es decir, que tiene una riqueza en su intimidad simultáneamente con la autoconciencia, siendo capaz de manifestar y expresar lo que posee en su interior (aunque no sea perfectamente) a través del lenguaje, ya sea oral; con el lenguaje escrito; con el lenguaje simbólico (con los gestos corporales, con el rostro —que es lo más humanamente manifestativo—; con el lenguaje no verbal; con las artes); con la voz o con el silencio (por eso hay que entender los silencios propios y ajenos). Asimismo, el ser humano es capaz de manifestar con acciones, conductas y gestos corporales o con la palabra los sentimientos de alegría, miedo, tristeza, ira, amor, sorpresa, desagrado, duelo, añoranza, placer y curiosidad. Es crucial también aprender a leer lo que el propio cuerpo nos comunica para actuar en consecuencia: por ejemplo, el insomnio por alguna preocupación o duelo; los dolores de cabeza o de corazón por situaciones de tristeza; el cansancio extremo y la falta de energía por periodos extensos de estrés. (1)
El filósofo Leonardo Polo escribió que “la sociedad significa relación activa y comunicante entre personas”. Cuando se le da el verdadero sentido a la comunicación como un valor humano que permite unir a la gente, descubriéndoles que comparten valores y sentidos similares, se podrá utilizar el lenguaje humano, presencialmente o en internet y redes sociales, para construir juntos el bien común, local y global. De lo contrario, seguiremos viviendo una “babelización” (del relato bíblico de la Torre de Babel), en la que abundan las fake news (noticias falsas) y los ataques con información falsa y calumniosa al honor de las personas.
Cuando se hace el esfuerzo de utilizar estrategias de comunicación para influir positivamente en los demás, respetando la verdad de las cosas y la dignidad de las personas, se logrará dar un sentido más humano a todos los lenguajes: el oral, la voz, los gestos, los ritos culturales y artísticos, el vestuario, las combinaciones de colores, etcétera. Las relaciones interpersonales resultantes serán ocasión de crecimiento y puente con quienes amamos, tratamos, vivimos y trabajamos. Se conectarán de corazón a corazón, de intimidad a intimidad, para manifestar la riqueza interior de la mejor manera.
Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 12 de octubre de 2025

