¿Cómo tomar mejores decisiones en la vida?

Cuando se trata de resolver dificultades y conflictos graves, se quiere de tener al lado o ser alguien que sabe decidir qué conviene hacer de todas las alternativas para lograr resultados exitosos. El profesor Manuel Alcázar, director de la Maestría de Gobierno de Organizaciones, señala lo importante de ayudar a los líderes a tomar mejores decisiones: “Para que el mundo mejore, han de mejorar las organizaciones. Para que mejoren las organizaciones, han de mejorar las decisiones de quienes las dirigen. Para que mejoren sus decisiones, los líderes han de poder, saber y querer tomar mejores decisiones

Se trata de constituir equipos cuyo líder y miembros ejerciten o aprendan un modo de “pensar dirigido a detectar y resolver inconvenientes reales (de personas reales de carne y hueso)”. Todas las disciplinas, sea matemática, física, economía, filosofía, etcétera, tienen distinto modo de hacerlo, así que no por dominar una de ellas se somete cualquier otra. “Pueden servir como uno de los inputs necesarios, nunca suficientes, para solucionar algún problema real. Para resolverlos primero hay que darse cuenta de cuál es el verdadero problema y distinguirlo de los pseudoproblemas (aparentes pero falsos), que distraen nuestra atención. Si no detecto el problema no puedo resolverlo, a no ser porque suene la flauta sin nadie que la sople, cosa que un directivo no debe esperar que le ocurra a menudo”. Si trato de solucionar un falso problema entro en callejones sin salida: la aparente solución no resuelve la insatisfacción sentida, en el mejor de los casos; y en el peor de los casos, se logra el resultado esperado, pero surgen nuevos y mayores problemas que el presuntamente resuelto. Una solución correcta produce satisfacciones sin generar mayores problemas: no produce resacas.

Se necesitan no solo competencias técnicas sino competencias cognitivas que permitan conocer y aplicar el arte de elegir con sabiduría (bien) en todos los ámbitos de la vida, el trabajo y relaciones. Por ejemplo, hace algunos años escribí sobre las decisiones de vida que hizo una de las mejores atletas corredoras que puso en alto el nombre de El Salvador y Centroamérica a pesar de lo difícil que es ser deportista de élite profesional en nuestra región. Esto es debido a que se tienen que superar obstáculos grandes: carencia de recursos económicos, discriminación de colegas masculinos por incomprensión mutua y desconocimiento de la “esencia femenina”; escasez de entrenadores; etcétera. ¿Qué hizo esta campeona ante los desafíos? ¿Ponerse a llorar y buscar culpables? No. En cambio, para lograr medallas eligió buscar la excelencia a toda costa y dar lo mejor de sí, trabajando por sus sueños. Incluyendo decisiones de asumir ser madre soltera con entereza, pues no es un camino de rosas la tarea de ser mamá sola. Ella pudo pensar bien, formuló el problema, usó el criterio de dignidad de la vida como prioritario, eligió libremente este criterio y buscó ayuda.

Recuerdo alguna amiga a quien acompañé ante la situación de enfrentarse con un bebé inesperado. Conocí de sus miedos; de su soledad; de la aparente oscuridad de sus planes futuros; de su angustia por el qué dirán o por el cónyuge ausente; incluso, siendo colegiala, alguna vez fue expulsada del hogar paterno… En estas graves circunstancias y con el ánimo desecho, aparece el padre del niño y dice que “él se cuidó”, que ahora el embarazo es “su problema”… Por un momento, la tentación de aceptar “interrumpir el embarazo” para “quitarse el problema” aparece como la única alternativa… que es volverla a engañar y traicionar después de que ha sido traicionada en el amor, abandonada al azar, por no decirle la verdad… Nunca se le explica que la tragedia del aborto se toma dos víctimas: la vida entera de un no nacido y la salud física, emocional y mental de una mujer, por el alto porcentaje que tiene de caer en depresión aguda…

En realidad, el embarazo inesperado no es ni una enfermedad ni un fracaso sino más bien el fruto de una acción precipitada y del desconocimiento de la castidad como fuerza interior. Para ser efectivos en tomar mejores decisiones, hay que superar la estrategia de dar información incompleta acerca de las distintas formas de protección y anticoncepción para no quedarse embarazada. Aspiremos a dar verdadera educación y formación de la afectividad sana que incluye lo sexual, lo que significa el amor, la donación, el noviazgo honesto y la familia, que los lleve a ser personas de carácter, ciudadanos responsables y felices.

Columna de opinión, La Prensa Gráfica, 22 de septiembre de 2024

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