Messi y Barbie vestidos de camiseta rosa

Leonel Messi debutó hace unos días con la camiseta rosa del Inter de Miami coincidiendo con el estreno de la película de Barbie, lo cual me pareció interesante por creatividad de las campañas publicitarias dirigidas a ampliar la base de fanáticos de ambos o para consolidar la comunidad integrada de seguidores apasionados e intergeneracionales alrededor del planeta.

Hasta el momento se ha logrado generar sorprendente acogida tanto del cambio de Messi en su nuevo equipo como por enfoque historia de la cinta sobre Barbie y Ken. En esta obra cinematográfica estrenada la temática actualizada de su guion (dirigido por una mujer), aparece como «un manifiesto rosa sobre el poder del trabajo creativo, la imaginación y el empoderamiento», que además de presentar claramente que tanto el varón como la mujer son capaces de realizar, el film es, justamente, una premisa positiva que llega a ser una realidad humana diaria si se hace con pasión y propósito, ya que se mira como «sublime creación del trabajo justo, intelectual, crudo y sin necesidad del uso de la inteligencia artificial…»

Llama la atención la noticia sobre el contrato de la superestrella del fútbol Lionel Messi, fichado por el Inter de Miami por dos temporadas y media, la cual dice que llegará a ganar entre 50 y 60 millones de dólares anuales, lo que haría que ganará en total entre 125 millones a 150 millones.

Cuando supe el precio exorbitante por el deportista depositario de varios balones de oro me queda claro la alta percepción del prestigio que tiene la marca personal de Messi por el hecho de estar fundamentada en un trabajo bien hecho, capaz de ser apreciado hasta llegar a desembolsarse tal cantidad de dinero (aparte de ser embajador de productos famosos y de crear su propia línea de ropa). Y me pregunté: ¿Cómo será el valor real de él como persona y de todos los demás atletas del mundo? Pienso que todos contestaríamos que el valor va más allá de lo económico. Sin embargo, a pesar de creer esta verdad básica, ¿por qué no nos valuamos, respetamos y cuidamos cada uno al vecino al menos como si fuéramos como Messi? No en vano y después del fin del conflicto de la Segunda Guerra Mundial, fue recogido en 1948 por Naciones Unidas la redacción de la declaración universal de derechos humanos, convertida en la primera afirmación global sobre la dignidad y la igualdad radical entre los miembros de la familia humana.

En el caso de Messi, al ver la ética de trabajo del crack argentino, nos queda claro su amor por el fútbol mostrando que efectivamente todo ser humano ha de encontrar en qué es bueno para lograr descubrir su vocación para el trabajo, de tal forma que pueda descubrir su propia manera de contribuir y mejorar el cosmos puesto que cada labor humana realizada de forma honesta sea intelectual o manual, buscando la mayor perfección posible, permite construir la mejor versión nuestra. Así, ese trabajo humano, por humilde e insignificante que parezca, contribuye a ordenar amorosamente (cristianamente diría) las realidades temporales manifestando su dimensión divina.

El profesor Leonardo Polo es un pensador que se enlaza con los clásicos, prolongándolos sin repetirlos, propone pensar y contemplar la herencia del pensamiento clásico, griego, cristiano y medieval, a la luz de la modernidad, es decir, ir más allá de los clásicos desde nuestra situación. Polo define al ser humano como «un espíritu en el tiempo», quien estaría ocupando un lugar en el cosmos de forma distinta que los seres que lo conforman, ya que el cuerpo humano es la manifestación de la persona humana. La noción de persona surge en teología al tratar sobre la Santísima Trinidad y la Encarnación del Verbo, que luego se aplicó también al hombre. Su antropología trascendental no es una antropología teológica sino filosófica. Muchas de sus obras ratifican esta afirmación.

Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 23 de julio de 2023

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