Madre en construcción, mujer trabajadora, esposa imperfecta

Me gusta vivir en esta época en que la mujer ha entrado masivamente al mundo del trabajo y en la que hay un número cada vez mayor de mujeres profesionales cualificadas.

Efectivamente, América Latina y el Caribe, con respecto a otras regiones, tiene hoy una posición de liderazgo en el progreso hacia la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en la gestión empresarial, de acuerdo con el informe de la Oficina de Actividades para los Empleadores de la Organización Internacional del Trabajo (ACT/EMP, LIMA, Perú, año 2017): “La mujer en la gestión empresarial: cobrando impulso en América Latina y el Caribe”  de la Organización Mundial del Trabajo (OIT).

El informe muestra que el número de mujeres tituladas de la educación superior es mayor al de los hombres, en todos los países de la región donde hay datos disponibles. Hoy más mujeres ocupan cargos profesionales y de gestión media y alta. A pesar de estos avances importantes y progreso al asumir cada vez más responsabilidades en la gestión empresarial, fortaleciendo su contribución al crecimiento económico de sus países, las mujeres lideresas ocupamos solamente el 4.2% de los puestos de presidentes y CEO.

Los datos también señalan que más de la mitad de los directorios empresariales están formados solamente por hombres, con solo el 8.5% de mujeres, según el mismo documento de la OIT.

¿Cómo lograr el empoderamiento económico de más mujeres, para que desplieguen su potencial a todo nivel?

Deborah France-Massin, directora de ACT/EMP de la OIT, sugiere que “mayor atención en el nivel ejecutivo, donde sabemos que el progreso, hasta ahora, ha sido lento… Se necesita crear oportunidades y las condiciones adecuadas para que las mujeres tengan éxito y mantengan el impulso creado en toda la región”.

Para impulsar y profundizar el empoderamiento de las mujeres, la profesora Nuria Chinchilla, experta del IESE, Escuela de Negocios de Barcelona, señala algunas condiciones y oportunidades de mejora, partiendo de la base de que “no debería haber conflicto entre vida personal, familia, desarrollo profesional y desempeño en la empresa, ya que una persona proactiva, fuerte, que ha desarrollado su voluntad y su libertad, que sabe lo que quiere y cuáles son sus metas, será perfectamente capaz de orquestar su existencia, afinar todos los instrumentos y producir una melodía armoniosa”.

La profesora Chinchilla sugiere comenzar por conocernos mejor respondiendo a las siguientes preguntas: “¿Cuál es nuestro rol en cada uno de esos ámbitos? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Podemos o debemos cambiar nuestra perspectiva de la vida? Una vez que somos capaces de conocer nuestra misión y ser coherentes y fieles a ella, todos los elementos se integran y adquieren sentido y trascendencia, proporcionándonos esa grata satisfacción espiritual y física que nos dará la posibilidad de tener una vida plena y feliz. En la toma de decisiones diarias, priorizando a qué dedicamos el tiempo, es como vamos tejiendo nuestra vida e integrando nuestra trayectoria profesional y personal”.

Creo imperativo recuperar la valiosa herramienta de la mentoría de unas mujeres a otras, para compartir recursos y herramientas que sirvan de orientación en ese itinerario de buscar equilibrar los roles en nuestra vida: madre en construcción, mujer trabajadora y esposa imperfecta, tanto con uno mismo como con los que amamos y convivimos, dentro y fuera del hogar y en la sociedad. ¡Felicidades en su día a todas las madres en construcción!

Columna de Opinión, La Prensa Gráfica, 6 de mayo de 2018

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